jueves, 26 de marzo de 2026

 3.

Los Primarios


#1 

[El Vacío]


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Αἰών (Eón) “El Dios del Tiempo Eterno” y Κυβέλη (Cibeles) “Diosa de La Madre Tierra”

Mitología griega. Cuenca del Mediterráneo


Mamapacha (Madre Tierra) y Pachakamaq “El Dios Creador y Animador del Universo” 

Mitologías americanas (incaica y quechua, principalmente)


陰陽 (Ying y Yang) “Oscuro – Brillante”

Mitología china


“La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma”

Antoine-Laurent Lavoisier


Capítulo I



Existe la materia porque existe la energía. Existe la energía porque existe el vacío fundamental que la sustenta. El abismo infinito es el vacío. Todo es la nada y la nada es todo. Antes del gran estallido y después de él. Todas las veces que fue, es y será. Ayer, hoy y siempre. Más del noventa y nueve por ciento de todo es el vacío. El espacio entre los filamentos y nodos universales y los cúmulos y súper cúmulos y las galaxias y los sistemas estelares y los átomos y los electrones y los quarks y las membranas vibrantes, es espacio vacío en todos los tiempos. La parte nuclear del todo que permite que se haga su voluntad. Que le permite replicarse a sí mismo una y otra vez. Desde siempre y para siempre, a su imagen y semejanza en todas las escalas, planos y niveles. Aunque posible, se desaconseja echar un vistazo prolongado dentro de El Vacío, porque "cuando se mira por largo tiempo al abismo, también éste mira dentro de uno”. Caos, inestabilidad y aleatoriedad, ausencia de lógica, estos son los resultados. Este hallazgo y esta verdad resultan incomprensibles para la mente dual. Por eso, le aterrorizan en sumo grado. Es acariciar, con las manos sudorosas, la poma de la puerta que señala la salida de la simulación. Es pararse temeroso al borde del nivel actual, muy probablemente, sin estar preparado para asimilarlo. El terror primigenio, el fundamental. La locura. Pero una vez asimilada la dualidad desde su comprensión verdadera, el sistema se balancea y se obtiene la comprensión de su funcionamiento. Adán y Eva. Energía femenina y masculina. La verdad es que no hay dualidad. Hay complemento. Tensión. Consenso. Ying y Yang. En el primer nivel, en el de [E] La Energía, el vacío se comprende como la parte nuclear de la realidad geométrica, cartesiana y pascaliana. La realidad física. En un segundo nivel, el vacío se entiende como la ausencia de propósito en las mentes de las entidades conscientes. El vacío mental. Estas singularidades vivientes, como se sabe, tienen el poder de procesar y manipular a voluntad, según su propio grado de avance, la materia y la energía del nivel uno. Este vacío mental o si se quiere llamar “espiritual”, tarde o temprano, según sea su grado de desarrollo, les resulta aberrante e insoportable. La solución a este predicamento es bien conocida por todos. El vacío se llena con propósito, así como el cuenco se llena con agua limpia. Con un objetivo puro, con una buena misión, obrando de modo transparente, especialmente si esta empresa consiste en ayudar a otros, en hacer el bien. En el nivel tres, el vacío material y el mental se concentran en una aparentemente imposible “singularidad dual” que representa la fuerza creadora más poderosa del Universo. Energía infinita. El viento que se agita sin alimento. La máquina de movimiento perpetuo que dobla, rompe y moldea a voluntad las leyes de la realidad. La serpiente que se muerde la cola. El transmutar eterno entre las dos ruedas que giran desde siempre y para siempre, sin final y sin principio. La cinta de Möbius a magna escala.




Capítulo II



El viajero, acomodado en el asiento dentro del reducido habitáculo del vehículo–artefacto que le moviliza por todos los niveles del espacio-tiempo, consigue contemplar ahora la verdad resplandeciente en toda su gloria. Lo consiguió en su paso por una región relativamente pequeña, antes inexplorada, de un área con interesante e inusual actividad del nivel cero. Dicho de otro modo, lo logró desplazándose y conectando adecuadamente los puntos de todas sus vivencias, viajes y experiencias. Entendiéndose de otro, haciendo nuevas sinapsis. Esta vez, las correctas. El costo de movilizar este complejo artificio electrobiomecánico es sumamente alto y por ello, está equipado apenas con lo esencial. Simple y minimalista debido a la enorme cantidad de energía que demanda hacerle funcionar. Parece la talla ovoide de un único bloque de piedra caliza o marmolea color crema. Apenas sobresalen sus propulsores. Una especie de cerebro estilizado con su respectivo cerebelo (propulsores) y bulbo raquídeo (chorro de ignición). Ningún mando o control resaltan al tacto o a la vista. Estos aparecen a voluntad del viajero cuando este lo manifiesta mediante su presencia. La amplificación de sus sentidos. También responden al tacto, desplegando indicadores en luz blanca cremosa y/o azul celeste y eléctrico. Cubierta acolchada en su exterior para protegerle de impactos y movimientos bruscos o indeseados. La respuesta a su pregunta, que es la gran pregunta, está allí. El viajero, hinchado de orgullo y quizás hasta de vanidad, le considera serendipia. Un hallazgo singular. Su hallazgo, LA verdad. Pero es apenas una verdad, su verdad, no LA verdad. Sí, una parte de ella, incluso una muy certera y por ello ha de ser tenida en cuenta. No hay duda en su corazón y esto no es normal. La decisión que está por tomar con la información obtenida beneficiará enormemente a quienes el ama y también a él, pero el costo podría ser demasiado alto. Quizás está pensando demasiado en sí mismo, en su gloria. Ya abiertamente cegado por su ego y por su deseo genuino de comprenderlo todo y aún más, incluso lo que no necesita ser comprendido aunque tenga respuesta; atraviesa sin dudar el portal que se abre ante él. El resplandor de cien mil soles ilumina su cara y el interior del artefacto en el que viaja. Es una luz que no encandila, se siente suave sobre los párpados como el candor de los primeros rayos del amanecer. El no dudar. Parte central de su fallo en una serie de errores en cascada, fallas en la sintaxis del programa. Dudar es esencial. De la duda, de la curiosidad, nace el conocimiento. Las decisiones se deben reflexionar para que sus consecuencias nos resulten perfectamente claras. Deben ser siempre sopesadas y estudiadas, la decisión tomada debe ser la mejor para todo y para todos. Incluido el propio viajero, pero no solo para él. Sin embargo, “cuando no se está preparado, no se está preparado” y esto fue lo que le ocurrió a aquel gran viajante y prominente regente de aquella esplendorosa civilización reclamada hace eones por el vórtice del Gran Mar en una “intensa noche de incendios y terremotos”. Fueron tales sus proezas que, hasta nuestros tiempos llegaron epopeyas y canciones narrando su leyenda, haciendo eco en los oídos de las mujeres y los hombres más extraordinarios, sensibles e informados de la época. En realidad, el viajero atravesó todos los Espacios y todos los Tiempos y lo entendió todo ese afortunado día. Pero, en realidad, aún no estaba listo para hacerlo. Aún había ecos inarmónicos del vacío primordial reverberando en su interior y por eso la verdad que conecta ambos vacíos, el material con el mental, le desestabilizó, no consiguió dominarla. En su estado actual, era demasiado poder para él. En su egocentrismo nunca entendió que había abrazado ya la locura. Pero era también un líder sabio y poderoso, a pesar de sus errores. Por ello, sus raciocinios, hallazgos, conclusiones y verdades, aunque a menudo distorsionadas por su propio filtro enturbiado, siguieron siendo de gran utilidad para su pueblo. Pero pronto terminarían resintiéndoles. Para el momento de partir de este plano, su civilización aún estaba en la cúspide de la magnificencia. Por ello, una vez más, obnubilado en su propia vanidad, nunca consideró necesario echar un vistazo al porvenir, aún teniendo en su poder la maquinaría que le permitiría hacerlo fácilmente. De extremo a extremo del Universo a la velocidad del pensamiento. En cualquier tiempo. Pero desde hacía mucho que su accionar se había limitado a contemplar la verdad para su propio goce y gracia, olvidándose de lo esencial. No mucho después de su partida, su pueblo pagó finalmente los costos de sus viajes y de su locura. Entonces llegaron el desorden, las hambrunas, la guerra. El caos y la muerte. La ausencia de lógica. La falta de propósito. Fue el gran cataclismo. “Una sucesión de incendios y terremotos tan intensa, que hizo hundir aquel utópico reino profundamente en el centro del Gran Mar, para no volver a ser encontrado jamás”. Los pocos sobrevivientes que quedaron, con las escasísimas cosas que lograron rescatar, fueron llegando con gran esfuerzo y dificultad a algunas de las costas más cálidas de ese primigenio mar. Quienes lograron vivir para contar las canciones y las historias, eran los individuos más apartados de la megalópolis que se hallaba en su centro y que concentraba mayormente los avances de aquella espectacular civilización. Los más lejanos a la influencia de las tecnologías desarrolladas por sus pares, pero muy a su pesar de ello, tampoco inmunes a ellas. Aquellos eran quienes poseían más conocimiento de otro tipo, del que se aprende en armonía con el entorno. Del que viene con la contemplación respetuosa de la realidad. En su mayoría, poseían un carácter gentil. Con el tiempo, el propio mar les fue devolviendo algunos artefactos, tallas con grabados e inscripciones y otros restos adicionales del naufragio. Quizás por ello, terminaron llamando al Gran Mar como a sí mismos. En honor a lo que quedaba de ellos, a lo que una vez fueron. Se asentaron y cultivaron la tierra y la hicieron reverdecer en gran medida y moldearon el entorno y con el tiempo sus civilizaciones florecieron y se convirtieron en grandes imperios. Y por un tiempo fue bueno. Replicaron sus antiguos conocimientos lo mejor que pudieron y los conquistaron en cierta medida. Pero eones de tecnología y de saberes acumulados de otro tipo se habían perdido. Ni uno solo de ellos tenía idea sobre cómo o por qué funcionaban las industrias con chimeneas humeantes en las que sus antepasados fabricaban los complejos artefactos electrobiomecánicos que usaban a diario. Pero se esforzaron mucho. Con sus recursos, habilidades, interpretando lo mejor que pudieron sus vestigios y con su forma de comprender el mundo, lograron grandes hazañas. Aún así, con el tiempo, el conocimiento original se fue perdiendo. Y los saberes originales se fueron olvidando. También cayeron esos segundos imperios descendientes del primero. Otrora magníficos, entre ellos algunos de los más grandes y avanzados de la Historia, degeneraron y terminaron reducidos a ruinas. Esqueletos sin carne ni chispa que les animara. La carcasa inerte de lo que una vez fueron. Sus líderes y habitantes ya no entendían el significado y verdadero uso del legado dejado por los ancestros de sus ancestros, incluido el de la tecnología o lo poco que había sobrevivido de ella. Pero, principalmente el de la verdadera utilidad de esta: servir, hacer bien, traer felicidad. Fue su ruina. Para entonces, desde sus propias costas avistaron, presumiblemente provenientes desde las costas de otra orilla del Gran Mar, montañas que se movían por el océano y que se volcaban a gran velocidad hacía ellos. Los vientres de estas se abrían a voluntad de sus tripulantes. Descendían entonces fulgurantes figuras antropomórficas cromadas portando artilugios que escupían leguas de fuego. El día anunciado en el que las civilizaciones se convertirían en una. Cuando los representantes de alguna de ellas se lanzaran a atravesar sin temor el vórtice del Gran Mar, con todos los costos y aberraciones que aquello implicaría y aún conlleva. Los de este lado estaban asombrados. No tenían oportunidad. Si tan solo hubieran sabido que en las ruinas de esos templos y complejos artefactos megalíticos que ahora se limitaban a admirar y venerar absortos sin realmente comprender, se hallaba el poder concentrado de cientos de miles de soles. De haberlo sabido, ellos mismos no los habrían despojado rapazmente del oro que les daba energía y les alimentaba. Oro en lugar de hierro y plata. Una tecnología superior. Los visitantes lo sabían y querían aprovecharlo para su beneficio. Venían por el tesoro de tesoros. Sin embargo, nunca lograron comprender su verdadero poder, su utilidad real. De allí la realidad y la leyenda de “la selva se los tragó”. Pese a sus esfuerzos bravíos pero codiciosos, la elusiva molécula aurea acumulada en cantidades jamás vistas en este nivel, nunca se les apareció y hasta el momento, no lo ha hecho. La fuente de Energía sin fin que permite viajar por todos los niveles en todos los tiempos y en todos los espacios para comprenderlo todo, excepto la naturaleza intrínseca de sí misma. El vacío primordial, el nuclear. Hoy sabemos lo que ocurre cuando se mira demasiado tiempo dentro de Él.



domingo, 28 de septiembre de 2025

Veintidós Salarios Mínimos (Capítulos 1 y 2)


El ratón Mickey. Existe un fragmento de Benjamin (Walter) titulado Mickey Mouse. Me explico: ese hombre había traducido a Proust, había entendido a Baudelaire más de lo que nunca antes se lo había entendido, había escrito un libro fundamental sobre el drama barroco alemán (casi, casi, sólo él sabía lo que era), pasaba el tiempo dándole la vuelta a Goethe, como si fuera un calcetín, recitaba de memoria a Marx, adoraba a Heródoto, regalaba sus ideas a Adorno, y en el momento apropiado pensó que para comprender el mundo -para comprender el mundo, no para ser un erudito inútil habría sido oportuno comprender ¿a quién? A Mickey Mouse. 

ALESSANDRO BARICCO, Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación, 2008.


El salario mínimo en Colombia es un chiste, ridículamente alto, que debe ser reducido. 

ALBERTO CARRASQUILLA (exministro de Hacienda), 2008.



UNO 

Antes, para que algo me conmoviera, debía venir respaldado por músicas orquestales con violines in crescendo, planimetrías elaboradas, bucólicas paletas de color. Me divertía con How I Met Your Mother, ni siquiera me esforzaba por fingirlo cuando departía sobrio con familiares y amigos. Conocía mejor las renderizadas calles de Raccoon City que las de Bogotá. Me resultaban más emotivas las suaves puestas de sol en Grand Theft Auto que las verdaderas, siempre ocultas tras la persiana de mi habitación. Era bueno para los tiros de esquina en FIFA aunque en el mundo real apenas había tocado un balón. La realidad misma con frecuencia me resultaba insuficiente, permanecía ajeno a ella. Comí más pepas en la vida real que en Pac-Man.

Ahora puedo apreciar y disfrutar los pequeños detalles. La fachada de una casa que me transporta a un pueblo en la costa, los patrones ocultos en las ramas de un árbol, un Renault 4 abandonado que me ve triste desde un potrero, una pandilla de perros aullando a la luna, la dignidad de los señores mayores que venden esferos y kits de costura en el transporte público, los cucarrones voladores brotando del suelo en temporada, los maniquíes mutilados que continúan prestando sus servicios a la moda popular, las torcazas acurrucadas entre los recovecos de un edificio evitando el aguacero, el azul celeste con el que la ciudad nos cobija más a menudo de lo pensado, los dientes de león abriéndose paso entre el cemento de los andenes, un chulo solitario que vuela suspendido en las alturas, la iluminación producida por ese momento particular del ocaso, los vientos de agosto soplando en mi cara.

Ahora puedo apreciar y disfrutar los pequeños detalles. No siempre fue así. 


DOS

—¿Podrías ordenarle a Pablo que le baje un poquito el volumen a esos hijueputas altoparlantes?— dijo Catalina con altanería inusual —ya he visto por lo menos a tres clientes hacer cara de culo por el ruido y siempre que le digo algo a ese güevón, sale con que tú eres quien está a cargo, que si algo, se lo digas tú.

Un intenso brillo azul salía de sus aretes mientras agitaba su melena negra para gesticular de más y hacer énfasis en su disgusto. Qué impertinente se ha vuelto mi Cata, pensé. Volví a los pendientes. Parecen diamantes de verdad. Cuando menos, zircones de muy buena calidad, pero... con el millón ochocientos mil pesos que se gana al mes, ¿Cómo haría para pagarlos? ¿Quién se los dio? ¿Por qué?

—Cata— le respondí de manera pausada y serena —ya hablo con Pablo, y tú, por favor, bájale un poquito a la grosería. Te recuerdo que hay clientes cerca y que por mucho que te moleste— le susurré al oído — sigo siendo tu jefe, así que deja la pendejada ¿Ok?

Odiaba hablarle así a ella, aún la quería. ¡Puta vida!, incluso apreciaba a su hija ¿por qué esa niña no era mía?, ¿por qué Cata y yo no seguíamos juntos?, ¿por qué todo tenía que haberse ido a la mierda?

Con ella una vez me hice blando, y a decir verdad, se sentía bastante bien. Así empiezas a juguetear con los cachorros que encuentras en la calle y a hablar con sus dueños, a ser amable con los ancianos y los niños en el bus, a levantarte de buen ánimo los lunes. Preciso cuando estás en ese estado, cuando crees que todo es justo y bueno, y que en verdad tú también mereces un poco de ello, aparece tu ex novia juerguista de la universidad, parte drogadicta, parte ninfómana y mandas todo al carajo.

Las promesas de viaje a destinos impopulares, el odio compartido hacia los gatos, los escenarios en los que nos vimos educando a nuestros niños imaginarios, los nuestros, los de los dos, los que le harían compañía algunos años más a Sara, su hija casi adolescente. Ella soñaba que salieran del Francés, yo del Vermont; ella quería que primero fuera una niña, que se llamara Katalina, con K, yo quería que se llamara Elena, sin H. Pero aquí no hubo posibilidad de disculpas, drama o de segundas oportunidades. Al otro día de darse por entendida de mi faena, se largó junto con Sara del apartamento mediano que durante dos años largos arrendamos por el Park Way. Una pena, la niña ya se había encariñado conmigo. Intentaba materializar al padre que nunca tuvo en el gañán de turno que sumara algunos meses saliendo con su madre. Yo juntaba veintisiete. Cata seguro se hizo estas consideraciones, pero de nada sirvieron ni las explicaciones ni los universos paralelos que le pinté, en los cuales éramos felices y volvíamos a estar juntos.

En el Zara de la ochenta y dos donde trabajamos, ella vendedora, yo encargado, en donde los pisos y las sonrisas relampaguean de brillantes, la música es siempre optimista y los maniquíes se confunden fácil con la gente, de tajo empezó a tratarme con la distancia que se da a un superior que se desprecia en silencio. Una vez agoté todos los esfuerzos para una reconciliación y muy consciente de la improbabilidad de que esto sucediera, pretendí ignorar su comportamiento y comerme a tantas de sus conocidas y amigas como me fuera posible.

—Si vas a echarme... hazlo...— dijo acercándose a mi oído derecho —En este momento poco o nada necesito este trabajo— y de inmediato se volteó, con calma exasperante y una risita forzada, para atender a una mujer de veintitantos que des- de atrás le preguntaba si ya había salido ropa con descuento de la temporada anterior.

Sentí una punzada en la garganta y una oleada de calor me recorrió el cuerpo, de abajo a arriba, como si de golpe hubiera caído en una fiebre alta. Los aretes, los malditos aretes, algo se traía, andaba con alguien. Uno que quizá la merecía y la apartaría por siempre de mi lado. La idea me revolcaba la cabeza, ardía en ira, estaba dispuesto a confrontarla de la peor manera, iba a hacerlo... pero se hizo un tumulto de gente en la salida de los vestidores del primer piso, a escasos metros de donde estábamos. Los guardias de la entrada corrieron a controlar la situación. Parecían confundidos, al unísono repicaban sus radiofrecuencias portátiles, pero al llegar al gentío, se quedaban paralizados con una mirada que oscilaba entre el horror y el asco. Al percatarse de la situación, varios de los vendedores se acercaron también hacia la masa humana con la intención de dispersarla, pero en cuanto alguien se aproximaba demasiado, ya fuera cliente o empleado del local, de forma inmediata surgía el mismo gesto de su cara: el asco, las arcadas y posteriormente la inmovilidad.

Con temor, y un paso a la vez, me aproximé hacia el gentío. Por desgracia, si alguien debía tomar medidas era yo, el gerente y encargado de tienda, quien gana algo más que el resto de los miserables que también malgastan acá sus días. Cerré los ojos, ensimismado en una suerte de trance que me evadía de manera temporal del problema. Creí era una fracción de segundo, pero al abrirlos, noté el tumulto disipado casi al instante y al Problema frente a mí, agarrado firme de una de mis piernas.

Un hombrecillo desnudo de aspecto asiático, embadurnado por completo en mierda humana, estaba enganchado de mi pierna izquierda repitiendo rítmicamente mi nombre, como si de un mantra se tratara: “Jonathan Andrés Ruíz, Jonathan Andrés Ruíz, Jonathan Andrés Ruíz”... decía con extraño acento el maldito desgraciado, mientras escondía algo que se sentía como un taco de papel muy doblado en uno de mis zapatos. Vestía únicamente unas gafas y me miraba atento tras ellas. Las náuseas me vencieron y no pude contener el deseo de vomitar. El engendro pareció complacido, se levantó veloz, sonrió, hizo una perfecta reverencia inclinando su cuerpo hacia adelante y salió zumbando del almacén sin que nadie se atreviera a ponerle un dedo encima.

Me costó reincorporarme. Con los ojos llorosos exhalé una bocanada de aire y de forma instintiva busqué la mirada de Catalina que me escrutaba de arriba abajo junto con el resto de la multitud. Hice un barrido rápido de todas esas miradas y detecté sorpresa en ellas, repugnancia, expectación, temor, e incluso sentí en algunas la satisfacción que les producía ver cómo se resquebraja ante ellas la autoridad de una pequeña figura de poder, que no era otra que la mía. Obtuve una lectura escueta de todos esos gestos y posturas, pero no sucedió así con Catalina. Sus ojos marrón oscuro, negros incluso a media distancia, no reflejaban emoción alguna. Con esa reacción fría en mente y procurando salvar la dignidad que me quedaba, grité a los guardias:

—¿Qué hacen mirando acá, güevones? ¡Corran a ver si con unos plásticos o cualquier cosa logran coger a ese man!— Luego me dirigí a los vendedores —Y ustedes, ya que no me van a ayudar en nada, ¡por lo menos vuelvan con los clientes! ¿O están esperando a que se atiendan solos? ¿O a que se roben la ropa o qué?

Una vez disipado el círculo de la vergüenza que me rodeaba, me acerqué a Pablo, el vendedor que más confianza me inspiraba y lo más cercano a un amigo que tenía en este lugar.

—Ayúdame a hablar con las señoras del aseo, hay que limpiar el vestier completo, el piso, las puertas y todo lo que haya tocado ese hijueputa. Dile a doña Esther que si quiere, una vez salga de eso, se puede tomar el resto de la tarde. Pablo, yo me voy para la casa, necesito bañarme y cambiarme. Te encargo la tienda, nos vemos mañana.

Pablo ofreció llamar a la policía y reportar el incidente. Me sugirió botar la ropa y tomar un vestido nuevo para irme a la casa, pero la verdad es que no quería permanecer un segundo más ahí sintiendo cómo mi autoestima se desmoronaba. Salí de inmediato con la intención de caminar hasta el apartamento, después de todo, no serían más de quince o veinte cuadras, me vendrá bien el aire fresco, pensaba. Pero al salir y sentir el repudio que le producía a los transeúntes, preferí pagar cualquier recargo que me cobrara uno de los taxis estacionados en la fila frente al almacén. Al final, para tomar algo de aire, sería suficiente con abrir la ventana. 


viernes, 26 de septiembre de 2025

La más reconocida del Brazo de Orión



 La más reconocida del Brazo de Orión 


Ariane - The Overexposed Stock Image Model



¿Ha soñado usted con esta persona?


Al principio lo hizo pegando sus manos sobre las paredes de una caverna y cubriéndolas con pigmento. Luego mediante la reproducción de sus proporciones en toda suerte de pictogramas, grabados y estatuas. Después en pinturas y luego con carteles a una tinta con su perfil, pegados en serial en tantos murales de tantas calles como le fue posible. 



Cueva de las Manos, Santa Cruz (Patagonia argentina), 9300 AP.



Logró hacerlo también con su voz mediante un ingenioso recurso: ¡amigos, habitantes y visitantes de este sector!...


Mantequilla de árbol,

Naranja ombligona,

Mazamorra,

Tamales,

Chatarra…


¡Aprovechen!... prestándola para toda suerte de comunicaciones comerciales de diversos productos y servicios, consiguió amplificarla mediante recursos radiofónicos que la hicieron ubicua primero por las entrañas de los vecindarios, luego por las arterías y sus subsecuentes bifurcaciones viales, conquistando así barrios enteros.


Para su siguiente truco, se realizó un fotoestudio en Foto Japón el cual luego digitalizó. Se encargaría entonces de subirlo a la nube bajo un acuerdo de libre uso ‘Royalty Free’ haciéndola accesibles de modo gratuito a quien sea fuere quisiera usarlas. De ese modo su rostro, al empezar a aparecer en cuanta publicidad de cualquier tipo de producto, marca y servicio, consiguió hacerse ahora reconocida a una escala aún mayor.


Aunque nadie supiera exactamente de quién se trataba, muchos coincidían en recordar haberle visto o escuchado en alguna parte. Y cómo no, si de un modo u otro se hizo presente entre ciudades enteras. De pendones promocionando cortes de cabello en peluquerías de barrio, a su cara en las cajas de los propios artefactos electrónicos para afeitar. De cajas de leche y cursos de inglés a publicaciones de todo tipo, físicas y en la red también, acompañando comunicaciones de colegios y universidades, pero también de marcas de papel higiénico y de cigarrillos. Incluso apareció extensivamente en una campaña digital en el Tíbet, empleada como símbolo de revolución. 


Hizo lo propio con su palabra:


"Estamos de aniversario pero los regalos son para usted" 

"Just Do It"

"El sueño de tener casa propia" 

"Think Different"

"Nueve de cada diez dentistas la usan"

“Keep walking”

"La mejor versión de ti"

“Connecting People”

“Precios de locura”

“Destapa la felicidad”

“El más vendido de su categoría”

“A gusto con la vida”

“Pague 1 y lleve 2”


Aunque algunas de estas máximas eran simples y llanas mentiras, al hacerla aforismos y a golpe de repetición, consiguió difundirla mediante toda suerte de recursos gráficos, sonoros y en último término audiovisuales, valiéndose de cuanto megáfono y plataforma estuviera a la mano. Así su alcance se hizo global.


Saltar de allí al mundo onírico fue relativamente sencillo. Un bulo, un hoax de Internet, presuntamente de su propia autoría empezó a circular. Se hablaba de una persona que aparecía en los sueños de los demás y también en el mundo real. Para terminar de desdibujar esta frontera, se apoyó en el advenimiento de una tecnología que permitía convertir al instante las más salvajes fantasías y derrapes mentales en proyecciones audiovisuales concretas mediante sencillos comandos de texto.


Había conseguido también ser grabada en un disco de oro cuyo destino eran las estrellas. La sonda espacial que le lleva surca hoy los confines de la Nube de Oort, en las periferias de nuestro vecindario solar, más allá de la Burbuja Local. Para ese entonces logró dimensiones cosmológicas. Exposición en toda suerte de objetos del catálogo celeste de nuestro Brazo Local, tales como: las Pléyades, el Cúmulo de la Mariposa y las nebulosas Dumbbell y Roseta, por citar algunos ejemplos. 


Todas, entre las más reconocidas del Brazo de Orión.


Para acceder a la ‘banda sonora’ del relato (una lista de reproducción de libre acceso en YouTube Music), favor escanear este código.


domingo, 8 de junio de 2025

 3.

Los Primarios


#2 

[Las Moscas]





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“Los ojos son la ventana del alma”

Sabiduría popular


“Siempre hay alguien observando”

Sabiduría popular


Baal Zebub “El Señor de las Moscas”.

Mitología filistea. Ecrón, Pentápolis.


“Porque sobre de mí, la ropa y las moscas, por imprudentes”

Diomedes Díaz










Capítulo I


Solo hay tres entidades en toda la creación con la capacidad de habitar y/o de manifestarse, e incluso de perturbar, hasta el nivel correspondiente a cada una; ayer, hoy y mañana de forma simultánea. Los especímenes más sofisticados, sensibles e informados del orden Diptera, especialmente los Muscidae, lucen la distinción de ser uno de ellos. Uno muy particular por demás. La única de las tres equipada con receptáculos visuales altamente sofisticados que abarcan todos los rangos del espectro electromagnético. Los visibles y los no visibles. Ojos puestos en todos los accesos y pasajes de todos los Mundos, sin tratarse de una especie del orden Impera, ni siquiera una del orden Magna. Tampoco una del orden Superior, como las aves (especialmente los corvoides), Homo Sapiens, los octópodos, los felinos y algunas especies de escualos. Nisiquiera una de las correspondientes a las ramas medias del Árbol de la Vida. El honor corresponde a Musca. El más humilde insecto. 


Musca domestica. La mosca común. Seres sexagesadimencionales con la capacidad de verlo todo en todas partes al mismo tiempo. Su particular naturaleza les confiere la habilidad de atestiguar eventos y de transportar información atravesando el Tiempo y el Espacio y el espacio y el tiempo entre ellos. Habilidades que se ofrecen seductoras como para ser aprovechadas por cualquier habitante de un nivel y/o phylum superior. Es decir, seres inteligentes en sumo grado, sintientes y muy conscientes de su propia existencia. Sin embargo, dicho deseo suele verse comunmente truncado por entrañar una endiablada dificultad. En primer lugar, lograr identificar un ejemplar de Musca domestica dotado con estas prodigiosas características exacerbadas y luego de ello, ganarse su confianza para que decida transportar algún mensaje a voluntad del solicitante hacia cualquier momento o lugar de la existencia entera o para que permita echar un vistazo en los registros compartidos con sus congéneres de cualquier momento y de cualquier nivel del continuo tiempo-espacial. Los veinticincomil pares de ojos de Ecrón en uno y todos contenidos allí sucesivamente a la vez. 


Pero las moscas no obedecen a nadie, ni siquiera a otras moscas. A veces, a sus reinas. Las moscas están cuándo y dónde quieren, en especial los individuos más evolucionados. Casi imposibles de forzar a servir como mensajeros para transportar información, debido a su naturaleza salvaje e impredecible. Son “las hienas de Insecta". Prácticamente nulas posibilidades de domesticarlas, adiestrarlas o de siquiera establecer algún tipo de vínculo emocional con ellas. Sus cortos ciclos de vida comparados con los de los representantes de órdenes como el Superior y aún más, los del orden Magna, por citar un par de ejemplos, hacen aún más difícil la de por sí ya casi imposible tarea de hacerse con su favor y colaboración.








Capítulo II



Una enorme y por ello ominosa Musca domestica con lomo (torax y abdomen en realidad) azul tornasolado entra por una rendija de la ventana apenas entreabierta de una sala de un habitáculo con vista exterior en el piso dieciseis de una construcción de aspecto babilónico que se yergue monolítica en el centro de la región de la metrópolis en la que se encuentra. Los ojos de la mosca, tecnología óptica de avanzada (microrejilla inluída) con acabado en cromo rojizo y destellos intermitentes blancos, relampaguean al vuelo. 250 FPS (Fotogramas Por Segundo) de poder a su servicio. Los hombres apenas alcanzan 60 FPS. Su poderoso y pesado aleteo hace vibrar el entorno en ondas anunciando su entrada triunfal. Sonido de trompetas en la dimensión de Baal Zebub. Esta es la señal. Es un ejemplar hermoso. También parece haber buena fortuna, y esto no depende del habitante que reside en el inmueble ni de la mosca.


Es una mensajera. Una de las listas. De aquellas gordas de vuelo lerdo y confiado, pero solo cuando no perciben amenaza alguna. De las de vuelo cuasi supersónico para deplazarse de un punto corto al otro únicamente cuando circunstancias complejas lo demandan. Es de las que sabe dosificar sus habilidades, talentos y fuerzas en intersección con las circunstancias del entorno. 


Para el ojo poco entrenado, esta mosca se desplaza sin sentido alguno por el espacio y por el tiempo. Cualquier iniciado notará fácilmente que su vuelo, perfectamente planificado, responde a complejos patrones geométricos a gran escala que aumentan exponencialmente de modo veloz y que pronto escapan de nuestra comprensión. Transitar que únicamente desvía de su curso cuando su propia existencia en el nivel uno se ve puesta en riesgo.


Esta mosca en particular no se conforma con posarse frente al habitante para así capturar su atención. Vuela de frente hacia el. Desvía con un espacio bastante prudente su vuelo para no chocar con su cara y pasa zumbándole algo en una lengua incomprensible, primero en el oído izquierdo y luego en el derecho. Es un murmuro corto, pero cualquiera entendería que se trata de algo súmamente importante.


El habitante no sabe qué hacer. No sabe cómo interpretar la señal. Si es una señal. ¿Es esto real o es solo sueño? ¿Es una mosca común o es una con un mensaje de algo o alguien desde cualquier momento del Tiempo y del Espacio en cualquier nivel de la existencia? ¿Está aquí solo para observarme, para goce de sí misma y de todas las de su especie? ¿Para goce del Uno, del Universo experimentándose subjetivamente? ¿Es eso?


No. Ha de ser una mosca común. Agarra un trapo viejo hecho de tela rugosa y parda. Prueba aullentarla agitándola a su lado con gentileza. Naturalmente, el habitante no quiere matarla. Después de todo, podría ser, existe la mínima posibilidad, de que no se trate simplemente de una mosca de la fruta. 


La mosca no tiene intención alguna de moverse de allí. Quien le pide hacerlo, no enviste la autoridad necesaria para ordenarlo. Su presencia es tan notable y magnética, que empieza a tornarse insoportable para el habitante, quien no ve más remedio, muy a su pesar, que el de aturdirla con un suave golpe para luego recogerla del suelo con delicadeza y subirla en un papel. Luego le aventará gentilmente por la ventana si las corrientes de viento son favorables. Si no lo son, será antes de que la mosca despierte, pero se hará con sumo cuidado. Es necesario. No hay de otra. La mosca no quizo escuchar las suplicas que le hizo en las cuales le imploraba que se marchara, que no tenía ninguna intención de lastimarla, que solo quería no verle. Que no era nada personal, pero que sentía temor ante su presencia y que en el fondo también le repugnaba. También le decía, en voz alta y con convicción, que si acaso se trataba de “otro asunto”, de otro cierto “tipo especial” de mosca, entonces que le perdonara por no haber entendido su mensaje y por ser tan tonto y por quizas haber perdido la oportunidad única de recibir información del más allá. Desde lo desconocido.


Contrariado pero decidido, el habitante agita el trapo con más fuerza contra la mosca. Se le va la mano. Fue casi un golpe. La mosca vio todo venir, líteralmente en cámara lenta. Pero desde que hizo contacto visual con el habitante percibió que era un alma gentil y por eso bajó con él sus defensas. Lo del golpe con intención real de herirla no se lo esperaba. La tomó por sorpresa. No lo vio venir. Se desploma y cae pesada contra el suelo.


El hombre está horrorizado. Crea en lo que crea, sabe de corazón que nunca debió lastimar a esa mosca. A ninguna en particular, pero menos a esta. Menos aún matarla. No era su intención. Se lamenta. Corre angustiado los muebles y cortinas junto a la ventana. Quiere darle aire a la mosca para que se recupere. Corre hacia su cocina en búsqueda de un poco de agua con azucar para ofrecerle en una pequeña cuchara. “Podría serte útil para cuando te despiertes, hermana” reflexiona amargamente. La gigante y confiada mosca, de esas que, si quiesieran, podrían alzar vuelo a velocidad semi hiperlumínica, ha sido derribada. Quienes observan la escena desde los diferentes planos y niveles no lo pueden creer. El amor es tambien confiar. Pero al escoger en quien confiar se puede elegir mal. Todo indica que la mosca eligió mal. 


La mosca ha muerto.


O quizás no. Se estaba reiniciando hasta los niveles de arranque. Le cuesta volver a cargar, pero logra hacerlo. Se reincorpora y lo hace con un depliegue casi vulgar de poder. Quizás esté furiosa. Quizás herida, decepcionada. Con vuelo hiperlumínico y supersónico se desplaza al instante desde el suelo hasta el vórtice creado en el centro del marco de la ventana abierta ahora de par en par. Por un lado, el habitáculo con el agresivo habitante del piso dieciséis adentro. Su misión por cumplir elegida a voluntad. Por el otro, la libertad y el Mundo en todos sus niveles. La vida. La decisión parece obvia, pero a veces las cosas se hacen de modo diferente por primera vez. No se hacen igual que todas las otras veces. La mosca vuela una vez más, pero esta vez a muy baja velocidad, de frente hacia el hombre. El hombre no puede creerlo. Está feliz de ver a la mosca más viva que nunca, incluso si esto significa verla volar lenta y torpemente hacia él. Se averguenza de estar frente a frente con ella. La mosca ha tomado una desición. Es menos que presa fácil, de nuevo.


Vuela de frente hacia la cara del hombre. Se detiene a un brazo de distancia justo frente a sus ojos. Zumba de modo distinto, más vibrante, más grave, con más intención. Perturba ondulantemente todo el entorno. Parece haber un brillo azulado emanando de su ser. Con velocidad indescriptible, pasa de estar frente a los ojos del habitante a estar junto a su oreja izquierda. Murmura algo en su idioma. Se teletransporta ahora hacia su oreja derecha. Revela la otra mitad de su mantra. Vuelve a ponerse a la vista del habitante, ahora a escasos centímetros de su frente. Lo hace por muy pocos segundos y ahora sí, se desmaterializa ante sus ojos. 


O quizas no. Solo pasó algo de viento, arrastró partículas que se metieron en los ojos del habitante, le hicieron pestañear por un instante y justo en ese momento la mosca, probablemente común, voló rápido y desapareció entre la bruma. 



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