3.
Los Primarios
#1
[El Vacío]
Αἰών (Eón) “El Dios del Tiempo Eterno” y Κυβέλη (Cibeles) “Diosa de La Madre Tierra”
Mitología griega. Cuenca del Mediterráneo
Mamapacha (Madre Tierra) y Pachakamaq “El Dios Creador y Animador del Universo”
Mitologías americanas (incaica y quechua, principalmente)
陰陽 (Ying y Yang) “Oscuro – Brillante”
Mitología china
“La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma”
Antoine-Laurent Lavoisier
Capítulo I
Existe la materia porque existe la energía. Existe la energía porque existe el vacío fundamental que la sustenta. El abismo infinito es el vacío. Todo es la nada y la nada es todo. Antes del gran estallido y después de él. Todas las veces que fue, es y será. Ayer, hoy y siempre. Más del noventa y nueve por ciento de todo es el vacío. El espacio entre los filamentos y nodos universales y los cúmulos y súper cúmulos y las galaxias y los sistemas estelares y los átomos y los electrones y los quarks y las membranas vibrantes, es espacio vacío en todos los tiempos. La parte nuclear del todo que permite que se haga su voluntad. Que le permite replicarse a sí mismo una y otra vez. Desde siempre y para siempre, a su imagen y semejanza en todas las escalas, planos y niveles. Aunque posible, se desaconseja echar un vistazo prolongado dentro de El Vacío, porque "cuando se mira por largo tiempo al abismo, también éste mira dentro de uno”. Caos, inestabilidad y aleatoriedad, ausencia de lógica, estos son los resultados. Este hallazgo y esta verdad resultan incomprensibles para la mente dual. Por eso, le aterrorizan en sumo grado. Es acariciar, con las manos sudorosas, la poma de la puerta que señala la salida de la simulación. Es pararse temeroso al borde del nivel actual, muy probablemente, sin estar preparado para asimilarlo. El terror primigenio, el fundamental. La locura. Pero una vez asimilada la dualidad desde su comprensión verdadera, el sistema se balancea y se obtiene la comprensión de su funcionamiento. Adán y Eva. Energía femenina y masculina. La verdad es que no hay dualidad. Hay complemento. Tensión. Consenso. Ying y Yang. En el primer nivel, en el de [E] La Energía, el vacío se comprende como la parte nuclear de la realidad geométrica, cartesiana y pascaliana. La realidad física. En un segundo nivel, el vacío se entiende como la ausencia de propósito en las mentes de las entidades conscientes. El vacío mental. Estas singularidades vivientes, como se sabe, tienen el poder de procesar y manipular a voluntad, según su propio grado de avance, la materia y la energía del nivel uno. Este vacío mental o si se quiere llamar “espiritual”, tarde o temprano, según sea su grado de desarrollo, les resulta aberrante e insoportable. La solución a este predicamento es bien conocida por todos. El vacío se llena con propósito, así como el cuenco se llena con agua limpia. Con un objetivo puro, con una buena misión, obrando de modo transparente, especialmente si esta empresa consiste en ayudar a otros, en hacer el bien. En el nivel tres, el vacío material y el mental se concentran en una aparentemente imposible “singularidad dual” que representa la fuerza creadora más poderosa del Universo. Energía infinita. El viento que se agita sin alimento. La máquina de movimiento perpetuo que dobla, rompe y moldea a voluntad las leyes de la realidad. La serpiente que se muerde la cola. El transmutar eterno entre las dos ruedas que giran desde siempre y para siempre, sin final y sin principio. La cinta de Möbius a magna escala.
Capítulo II
El viajero, acomodado en el asiento dentro del reducido habitáculo del vehículo–artefacto que le moviliza por todos los niveles del espacio-tiempo, consigue contemplar ahora la verdad resplandeciente en toda su gloria. Lo consiguió en su paso por una región relativamente pequeña, antes inexplorada, de un área con interesante e inusual actividad del nivel cero. Dicho de otro modo, lo logró desplazándose y conectando adecuadamente los puntos de todas sus vivencias, viajes y experiencias. Entendiéndose de otro, haciendo nuevas sinapsis. Esta vez, las correctas. El costo de movilizar este complejo artificio electrobiomecánico es sumamente alto y por ello, está equipado apenas con lo esencial. Simple y minimalista debido a la enorme cantidad de energía que demanda hacerle funcionar. Parece la talla ovoide de un único bloque de piedra caliza o marmolea color crema. Apenas sobresalen sus propulsores. Una especie de cerebro estilizado con su respectivo cerebelo (propulsores) y bulbo raquídeo (chorro de ignición). Ningún mando o control resaltan al tacto o a la vista. Estos aparecen a voluntad del viajero cuando este lo manifiesta mediante su presencia. La amplificación de sus sentidos. También responden al tacto, desplegando indicadores en luz blanca cremosa y/o azul celeste y eléctrico. Cubierta acolchada en su exterior para protegerle de impactos y movimientos bruscos o indeseados. La respuesta a su pregunta, que es la gran pregunta, está allí. El viajero, hinchado de orgullo y quizás hasta de vanidad, le considera serendipia. Un hallazgo singular. Su hallazgo, LA verdad. Pero es apenas una verdad, su verdad, no LA verdad. Sí, una parte de ella, incluso una muy certera y por ello ha de ser tenida en cuenta. No hay duda en su corazón y esto no es normal. La decisión que está por tomar con la información obtenida beneficiará enormemente a quienes el ama y también a él, pero el costo podría ser demasiado alto. Quizás está pensando demasiado en sí mismo, en su gloria. Ya abiertamente cegado por su ego y por su deseo genuino de comprenderlo todo y aún más, incluso lo que no necesita ser comprendido aunque tenga respuesta; atraviesa sin dudar el portal que se abre ante él. El resplandor de cien mil soles ilumina su cara y el interior del artefacto en el que viaja. Es una luz que no encandila, se siente suave sobre los párpados como el candor de los primeros rayos del amanecer. El no dudar. Parte central de su fallo en una serie de errores en cascada, fallas en la sintaxis del programa. Dudar es esencial. De la duda, de la curiosidad, nace el conocimiento. Las decisiones se deben reflexionar para que sus consecuencias nos resulten perfectamente claras. Deben ser siempre sopesadas y estudiadas, la decisión tomada debe ser la mejor para todo y para todos. Incluido el propio viajero, pero no solo para él. Sin embargo, “cuando no se está preparado, no se está preparado” y esto fue lo que le ocurrió a aquel gran viajante y prominente regente de aquella esplendorosa civilización reclamada hace eones por el vórtice del Gran Mar en una “intensa noche de incendios y terremotos”. Fueron tales sus proezas que, hasta nuestros tiempos llegaron epopeyas y canciones narrando su leyenda, haciendo eco en los oídos de las mujeres y los hombres más extraordinarios, sensibles e informados de la época. En realidad, el viajero atravesó todos los Espacios y todos los Tiempos y lo entendió todo ese afortunado día. Pero, en realidad, aún no estaba listo para hacerlo. Aún había ecos inarmónicos del vacío primordial reverberando en su interior y por eso la verdad que conecta ambos vacíos, el material con el mental, le desestabilizó, no consiguió dominarla. En su estado actual, era demasiado poder para él. En su egocentrismo nunca entendió que había abrazado ya la locura. Pero era también un líder sabio y poderoso, a pesar de sus errores. Por ello, sus raciocinios, hallazgos, conclusiones y verdades, aunque a menudo distorsionadas por su propio filtro enturbiado, siguieron siendo de gran utilidad para su pueblo. Pero pronto terminarían resintiéndoles. Para el momento de partir de este plano, su civilización aún estaba en la cúspide de la magnificencia. Por ello, una vez más, obnubilado en su propia vanidad, nunca consideró necesario echar un vistazo al porvenir, aún teniendo en su poder la maquinaría que le permitiría hacerlo fácilmente. De extremo a extremo del Universo a la velocidad del pensamiento. En cualquier tiempo. Pero desde hacía mucho que su accionar se había limitado a contemplar la verdad para su propio goce y gracia, olvidándose de lo esencial. No mucho después de su partida, su pueblo pagó finalmente los costos de sus viajes y de su locura. Entonces llegaron el desorden, las hambrunas, la guerra. El caos y la muerte. La ausencia de lógica. La falta de propósito. Fue el gran cataclismo. “Una sucesión de incendios y terremotos tan intensa, que hizo hundir aquel utópico reino profundamente en el centro del Gran Mar, para no volver a ser encontrado jamás”. Los pocos sobrevivientes que quedaron, con las escasísimas cosas que lograron rescatar, fueron llegando con gran esfuerzo y dificultad a algunas de las costas más cálidas de ese primigenio mar. Quienes lograron vivir para contar las canciones y las historias, eran los individuos más apartados de la megalópolis que se hallaba en su centro y que concentraba mayormente los avances de aquella espectacular civilización. Los más lejanos a la influencia de las tecnologías desarrolladas por sus pares, pero muy a su pesar de ello, tampoco inmunes a ellas. Aquellos eran quienes poseían más conocimiento de otro tipo, del que se aprende en armonía con el entorno. Del que viene con la contemplación respetuosa de la realidad. En su mayoría, poseían un carácter gentil. Con el tiempo, el propio mar les fue devolviendo algunos artefactos, tallas con grabados e inscripciones y otros restos adicionales del naufragio. Quizás por ello, terminaron llamando al Gran Mar como a sí mismos. En honor a lo que quedaba de ellos, a lo que una vez fueron. Se asentaron y cultivaron la tierra y la hicieron reverdecer en gran medida y moldearon el entorno y con el tiempo sus civilizaciones florecieron y se convirtieron en grandes imperios. Y por un tiempo fue bueno. Replicaron sus antiguos conocimientos lo mejor que pudieron y los conquistaron en cierta medida. Pero eones de tecnología y de saberes acumulados de otro tipo se habían perdido. Ni uno solo de ellos tenía idea sobre cómo o por qué funcionaban las industrias con chimeneas humeantes en las que sus antepasados fabricaban los complejos artefactos electrobiomecánicos que usaban a diario. Pero se esforzaron mucho. Con sus recursos, habilidades, interpretando lo mejor que pudieron sus vestigios y con su forma de comprender el mundo, lograron grandes hazañas. Aún así, con el tiempo, el conocimiento original se fue perdiendo. Y los saberes originales se fueron olvidando. También cayeron esos segundos imperios descendientes del primero. Otrora magníficos, entre ellos algunos de los más grandes y avanzados de la Historia, degeneraron y terminaron reducidos a ruinas. Esqueletos sin carne ni chispa que les animara. La carcasa inerte de lo que una vez fueron. Sus líderes y habitantes ya no entendían el significado y verdadero uso del legado dejado por los ancestros de sus ancestros, incluido el de la tecnología o lo poco que había sobrevivido de ella. Pero, principalmente el de la verdadera utilidad de esta: servir, hacer bien, traer felicidad. Fue su ruina. Para entonces, desde sus propias costas avistaron, presumiblemente provenientes desde las costas de otra orilla del Gran Mar, montañas que se movían por el océano y que se volcaban a gran velocidad hacía ellos. Los vientres de estas se abrían a voluntad de sus tripulantes. Descendían entonces fulgurantes figuras antropomórficas cromadas portando artilugios que escupían leguas de fuego. El día anunciado en el que las civilizaciones se convertirían en una. Cuando los representantes de alguna de ellas se lanzaran a atravesar sin temor el vórtice del Gran Mar, con todos los costos y aberraciones que aquello implicaría y aún conlleva. Los de este lado estaban asombrados. No tenían oportunidad. Si tan solo hubieran sabido que en las ruinas de esos templos y complejos artefactos megalíticos que ahora se limitaban a admirar y venerar absortos sin realmente comprender, se hallaba el poder concentrado de cientos de miles de soles. De haberlo sabido, ellos mismos no los habrían despojado rapazmente del oro que les daba energía y les alimentaba. Oro en lugar de hierro y plata. Una tecnología superior. Los visitantes lo sabían y querían aprovecharlo para su beneficio. Venían por el tesoro de tesoros. Sin embargo, nunca lograron comprender su verdadero poder, su utilidad real. De allí la realidad y la leyenda de “la selva se los tragó”. Pese a sus esfuerzos bravíos pero codiciosos, la elusiva molécula aurea acumulada en cantidades jamás vistas en este nivel, nunca se les apareció y hasta el momento, no lo ha hecho. La fuente de Energía sin fin que permite viajar por todos los niveles en todos los tiempos y en todos los espacios para comprenderlo todo, excepto la naturaleza intrínseca de sí misma. El vacío primordial, el nuclear. Hoy sabemos lo que ocurre cuando se mira demasiado tiempo dentro de Él.
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