jueves, 14 de marzo de 2013

Breve guía del autoestopista galáctico realista. “Eres una criatura del universo”




En el vórtice de la Gran Mancha Roja de Júpiter, después de la tormenta nunca llega la calma, sencillamente por que la tormenta no termina.

Detrás de la densa capa de nubes de Venus, siempre brilla el sol, y te destruiría si tan solo consiguieras mirarlo.

En Sedna cuanto más oscura es la noche, más cerca está el amanecer, aunque esto no tiene relevancia alguna, ya que día y noche transcurren prácticamente en absolutas tinieblas.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Endógeno






Tras 525,948,766 horas de reflexión Parmenio llegó a la conclusión más evidente, de hecho la única posible. El viaje interior que con decisión había emprendido hacia sus 30 años llegaba a su fin  y parecía haberle enseñado la gran respuesta a la pregunta primigenia. Fueron unos duros y largos 60 años, 60 años exactos encerrado en las profundidades de si mismo, sin más alimento que su propio cuerpo, sin más luz que la visualización misma de la luz que aún atesoraba celosamente su cerebro, sin más distracciones que los laberintos mentales que le ofrecían soluciones engañosas a la pregunta, pero su determinación era fuerte, así como grande era su fe, por lo cual a pesar de la dificultades nunca llegó realmente a perderse.

60 veces vigiló el sol el paso de su tercer planeta por el mismo lugar, ese lapso dentro de la continuidad tiempo/espacio fue lo que le tomó a Parmenio adivinar la cuestión original, el fin último, la esencia misma de las cosas.

Nadie esperaba que algún día saliera de su coma profundo, las terribles heridas que él se había auto inducido hace ya largos 720 meses no le permitían a alguien en el hospital  suponer que el tristemente célebre caso del “Santurrón Loco” podía por fin, acercarse a tener sentido y que los hijos y en algunos casos nietos de las victimas podrían llegar a alcanzar paz alguna y conjurar un poco la ira, el dolor y la desesperanza acumuladas durante tanto tiempo, todo en espera de alguna palabra de Parmenio que les permitiera intentar comprender cuando menos el porque de la brutalidad con la que sus parientes fueron sacrificados y la razón tras la aparente carencia de sentido de las indecibles escenas.

0”… esa hubiera sido la única palabra que hubieran escuchado repetir una y otra vez a Parmenio ,“0” era la única respuesta en nuestro idioma a la pregunta de las preguntas, “0” repetía Parmenio inútilmente para sus adentros, horrorizado ante la imposibilidad de comunicar el gran hallazgo. Su mente podía haber recuperado contacto con la realidad, pero no era este el caso de su cuerpo, que ya anciano y terriblemente deformado, era incapaz de emitir señal alguna que le conectara con el mundo exterior.

Parmenio, inmóvil y desesperado sobrevivió unos cuantos años más, prisionero de su cuerpo y atado a un respirador artificial. Una buena mañana supo que muy pronto todo terminaría pues su momento había llegado. Fue tanto el sufrimiento padecido durante esta última etapa de su vida, que llegado el momento de partir e inmerso en uno de los escasos momentos de sosiego que alguna vez había experimentado, notó con tristeza algo que quien sabe ya hace cuanto tiempo no había advertido, notó que en algún momento había olvidado cual era exactamente la pregunta que una vez había formulado.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Spam (Se creció la familia)


Hinchadas como ronchas, las sucias y mohosas paredes del inmueble transpiran inmundicia, desidia y un poco de vergüenza. El marco de la única ventana, con vista al basurero del restaurante de comida china de al lado, ya no es más blanco, pues años de abandono le han hecho meya y ahora se encuentra completamente carcomido por la herrumbre.

La habitación, parcialmente vacía, es el cliché de un cliché, es el lugar común donde habitan los drogadictos, escritores fracasados, prostitutas, boxeadores y meseras del imaginario occidental del mundo libre. Los hemos visto caer allí a través de las pantallas de nuestros televisores, los hemos visto vivir ahí en incontables novelas, ensayos y montajes teatrales mediocres.

Maderas rechinantes, suministro eléctrico intermitente, el tapete grisaseo con quemaduras de cigarrillo, la tubería echada a perder… es un lugar común que los tiene todos, tantos, que cuando lo piensas concienzudamente no crees que en la vida real alguien pueda subsistir allí, es lo que piensas hasta que en una mañana soleada de diciembre conoces a Diane y a Carlos.

Diane solía ser la chica con potencial en tierras caribeñas de alguna lejana e impronunciable república ex soviética. Carlos era más bien del tipo cayado, de esos que soportaba toda suerte de abusos en el salón de clases, excepto el día que armado con medio ladrillo le desbarato la cabeza al chico listo de la preparatoria. Es ese tipo que una vez hecho leyenda simplemente desaparece y nunca jamás vuelves a saber de el.

Por alguna desafortunada y predecible secuencia de eventos Diane y Carlos se conocieron, se enamoraron y se fueron a vivir juntos, lo que nos ubica nuevamente en el piso semi abandonado en el cual prácticamente no tienes que pagar nada por el alquiler.

Diane, alta, pálida, cabello largo y muy, muy negro, hermoso; parece que en el transcurso de los últimos días ha perdido casi cualquier contacto con la realidad, tumbada en una esquina del apartamento apenas levanta la mirada, abre las piernas y espera uno tras otro a sus clientes, últimamente ya ni le interesa el pago en efectivo, todos en la zona saben que a la buena D, como le llaman, es mejor cancelarle con algunos gramillos de heroína por sus cada vez menos eficientes servicios.

A veces parece salir de su trance, su mirada adquiere un leve brillo, su dentadura descompuesta enseña una mueca parecida a una sonrisa y repite sistemáticamente con su mirada perdida en el vacío:

“Sabes, hoy quiero contarte una sorpresa, la familia se creció!, sí, son dos, ahora hay otro Savital® y es único, es ¡Savital Miel®!”

Carlos, fumando un cigarrillo en el otro extremo de la habitación empieza a exasperarse, estalla en cólera, saca a empujones al cliente de turno de la buena D y suelta su andanada:

“!Perra loca, maldita perra loca! ¿puedes creerlo? Aún sigue con su cabeza en lo de ese maldito comercial de Savital®!

Carlos está muy molesto como para contextualizarnos en ese momento, pero se sabe de buena fuente, que cuando Diane aún conservaba su belleza intacta, probó suerte en algunas audiciones para aparecer en anuncios publicitarios, nunca consiguió alguno, olvidaba las líneas, tartamudeaba, sudaba como caballo.

“!Entiéndelo de una buena vez mujer! No eres modelo, nunca lo fuiste y nunca lo serás!, espantas a los clientes con esa maldita cosa loca de las líneas del comercial de Savital®…”

Luego de una brutal tanda de coscorrones, empujones, insultos y puñetazos, Carlos cae vencido al piso, llora, entre sollozos toma lenta y amorosamente las manos de Diane mientras acaricia delicadamente su aún intacta, larga, brillante y hermosa cabellera negra.

“Perdóname amor, no se que nos pasó, ¿sabes que te amo verdad? ¿sabes cuanto te amo verdad?, ¡mierda!, !que bajo hemos llegado!, te prometo que mañana saldremos a dar un paseo, tomaremos el sol, comeremos un helado, si te hace feliz tu mierda de Savital Miel® ,puedes repetirla cuantas veces quieras, te juro que nunca más te volveré a hacer daño…”

Diane no está conectada, asiente con la cabeza, pero sus pensamientos están en otro lado, se ve a si misma en un paraíso idílico, una campiña con tonos verdes hiper saturados, ríos de miel corren a su alrededor, sonríe mientras camina con dos sonrientes niños rubios tomados de sus manos, un amoroso y corpulento hombre la espera al final de recorrido con los brazos estirados, Diane, radiante de felicidad, ondula su perfecta cabellera en cámara lenta, mientras repite una y otra vez en su delirante alucinación sin tiempo:

“Sabes, hoy quiero contarte una sorpresa, la familia se creció!, sí, son dos, ahora hay otro Savital® y es único, es ¡Savital Miel ®!

“Sabes, hoy quiero contarte una sorpresa, la familia se creció!, sí, son dos, ahora hay otro Savital® y es único, es ¡Savital Miel ®!

“Sabes, hoy quiero contarte una sorpresa, la familia se creció!, sí, son dos, ahora hay otro Savital® y es único, es ¡Savital Miel ®!

“Sabes, hoy quiero contarte una sorpresa, la familia se creció!, sí, son dos, ahora hay otro Savital® y es único, es ¡Savital Miel ®!

“Sabes, hoy quiero contarte una sorpresa, la familia se creció!, sí, son dos, ahora hay otro Savital® y es único, es ¡Savital Miel ®!...

domingo, 13 de marzo de 2011

Exógeno




No había nada particularmente extraño en el aire de esa mañana, el ambiente no estaba cargado con esa cierta electricidad que suele anteceder una anomalía en el normal transcurrir del curso de los eventos, a decir verdad, aquel era un día bastante tranquilo excepto por el inusual hecho de que cuando Gabriel intento dirigirse a la multitud que esperaba expectante su discurso en el auditorio general de la Facultad de Biología, lo único que salió de su boca fueron fonemas incomprensibles para la audiencia. Pasaron 2 segundos, 3, 10, una gruesa gota de sudor empezó a resbalar sobre su frente, y cuando tomó impulso para reiniciar su alocución… nada, los mismos sonidos carentes de sentido seguían llenando el recinto de una manera aterradora para sí y para la sorprendida audiencia.


Pasaron casi 20 segundos y Gabriel seguía solo, virtualmente desnudo, expuesto en el atril del auditorio, mientras las miradas seguían escrutándolo de arriba abajo, y fue sólo en este instante que la moderadora de la conferencia se percató de lo incomodo e irreal de la situación, saltó al escenario y le arrebató el micrófono de manera decidida para poner todo en el orden, afinó con un leve ronquido su voz, tocó suavemente su cabello para disponerse a hablar y lo único que salió de su boca fue una serie de ininteligibles sonidos que, ahora sí, consiguieron hacer entrar en pánico a la totalidad del auditorio.


Martín, ubicado en una de los puestos de la primera fila del salón sintió un frio corriendo por su espalda, y cuando se disponía a reflexionar acerca de la situación, notó aterrorizado que sus propios pensamientos no tenían sentido alguno, una serie de misteriosos sonidos eran lo único que retumbaba con un eco ensordecedor en su cabeza y en el instante que giró su cuello para lograr contacto visual con la persona sentada inmediatamente a su lado, lo único que consiguió, fue observar un espejo de sí mismo, la mirada de una mujer horrorizada que muy probablemente tampoco entendía por qué lo que pensaba no tenía coherencia para si misma ni significado alguno.


Primero en este auditorio, luego en la universidad entera, en la ciudad, en el país, probablemente en todo el mundo… eso es algo que no se sabrá; ante la ausencia de un código de comunicación común y aún peor, propio, era imposible saber lo que pasaba en otros lugares del planeta o lo que pasaba en la propia tienda de la esquina en la que hasta hacía muy poco un grupo de estudiantes de primer semestre “arreglaba el mundo” mientras consumía un poco de mezcalina.


Nunca hubo cables internacionales reportando el evento con un extensivo cubrimiento noticioso de escala global, nunca hubo la oportunidad para que una piadosa matrona católica reflexionará en torno a que el momento del castigo divino para un sociedad enferma había llegado y que lo ocurrido en la torre de babel sucedía de nuevo, tampoco hubo explicaciones científicas resaltando que todo era consecuencia de la acumulación de ondas de radio en el cerebro primario de los mamíferos, y aún menos hubo ocasión para que filósofos, estudiosos de la lengua y de la comunicación lanzaran sus hipótesis en torno a lo ocurrido.

Piensan, por ejemplo, los hispanohablantes en español?, ¿un salvaje criado en los bosques sin ningún tipo de contacto humano en que “idioma” reflexiona si es que lo hace? ¿Se perderá para siempre el legado de la literatura universal y estamos condenados a vivir en un mundo sin historia?


Pasadas algunas horas del momento cero en el cual ocurrió el evento, al parece ya nada de esto importaba, se contaban por millares las personas que con lágrimas en los ojos y alzando su mirada a las alturas, lo único que encontraban era un inmaculado y brillante cielo azul.

martes, 16 de noviembre de 2010

Vox Dei




El día que se declaró oficial el suceso hubo gran júbilo en las naciones y muchos fueron los que acudieron en masa a escucharle dirigirse hacia la multitud.

"Dios ha muerto" vociferaba en lenguas mientras proyectaba visiones de un mundo futurista libre de hambre y de guerras; una utopía televisiva de energías limpias, proteínas sintéticas y batas unisex blancas.

Fue la gran fiesta global. Millares danzando, fornicando y cantando durante incontables días con sus noches, fundidos en abrazos fraternales como si realmente hubiese algo por lo cual celebrar, cuando lo único que hacían era asistir por fin al funeral de sus propios prejuicios y de su ego.

Ilustración: David Bonilla
www.flickr.com/nrkid

lunes, 8 de noviembre de 2010


"El rojo es el color correspondiente a la frecuencia más baja de luz discernible por el ojo humano. Las frecuencias más bajas, se denominan infrarrojos”

Ya no engañas a nadie con tu falsa pasión y tu cabello oxidado.
Tus vestidos vulgares ya no cubren tu alma triste y desnuda.
Que inyectes tus ojos de sangre ya sólo evidencia tu cuerpo gastado.
Sigue feliz en tu mundo infrarrojo, yo seguiré buscando mi ultravioleta.

Ilustración por: Corcho!
http://www.flickr.com/photos/radiocorchito/

lunes, 1 de noviembre de 2010

Spam (nos hiciste pollito)


       La escena rompe el corazón, un pequeño niño de siete años agoniza entre indecibles dolores en el camastro de un hospital al sur occidente de la ciudad. "Cáncer metastásico" reza la implacable sentencia escrita en su historial clínico. "Un terrible maleficio" es el dictamen de sus padres luego de haber probado sin éxito todos los tratamientos que la medicina en prepago puede ofrecerles.
       Daniel y Camila, padres de la pobre creatura, lloran en la sala de estar. Atraviesan el corredor, entran en la habitación múltiple y corren el delgado velo de tela sintética verde que los separa de lo que ahora es casi un cadáver de siete años y hundidos ojos marrón que amorosamente insisten en llamar Marco.
       -Hola amor... ¿cómo amaneciste?– dijo Camila con voz quebradiza. Su ojos, hinchados y rojos, parecían los de un adicto. –Mira que te traje mi amor…¡el videojuego que tanto te gusta!, tu saco del "Comisario Rex" también. La abuelita lo cosió y ha quedado como nuevo– la mujer sorbe por enésima vez sus mucosidades, respira, toma impulso para continuar, baja la voz– y lo mejor... te traje a escondidas un sancochito casero de esos que tanto te gustan...
        Daniel no lo soporta.  Estalla en llanto mientras murmura... -!Mi buen hijo Marco! ¿A qué otro niño de siete años podría gustarle el sancocho de gallina criolla en lugar de las frituras y las golosinas?
        Cáncer en la boca con proyección metastásica a la faringe y a la cabeza. Hacía días ya que Marco había perdido el sentido del gusto. El niño no desea comida, no apetece delicias de la cocina criolla, lo único que su cuerpo asimila bien a estas alturas es la morfina. Sus padres no lo sabían. No lo sabrán. Esperaban que hubiera empeorado, pero no tanto, no en tan poco tiempo. Daniel se reincorpora pronto y con el mejor semblante que logra colocar, susurra al oído derecho del pequeño...
        -Tu mamita le puso mucho amor y una pizca de Doña Gallina ®...
        Camila mira orgullosa a su esposo, a Daniel;  al hombre que ha estado sin vacilar junto a ella a lo largo de estos momentos tan difíciles, lo toma fuerte de las manos y volteando su mirada hacia Marco, atina a decir amorosamente mientras sus labios dejan escapar una leve sonrisa.
       -Marquitos, mi niño, se que te gustará, porque le puse dos cubitos de Doña Gallina ®, y Doña Gallina ® está hecho con gallinas criollas de verdad, verdad!
       -¿Por eso huele tan bien mamita? Dijo Marco con un hilo triste de voz.
       -Si hijo, y lo mejor es que ¡Doña Gallina ® es tan rendidor que alcanza para todos!
       Daniel, tentado por el apetitoso aroma del sancocho preparado con Doña Gallina ®, y animado por el enternecedor momento de distención familiar, decide, a modo de broma, tomar a escondidas un pata de pollo de la olla (adobada con gallinas criollas de verdad verdad) y devorarla a espaldas de Camila y de Marco. El niño, pese al doloroso esfuerzo que le representa levantarse, detiene al padre en medio del chascarrillo. Le impide atacar la presa que de manera extraña se yergue rígida, amenazante al coronar el plato. Marco ríe. Alega que el platillo es suyo y solo suyo. Prueba una cucharada. Le sabe a agua caliente. A nada más. Quema. Disimula y finge gesto de deleite digno de comercial. Luego le ofrece una cucharada a su padre. Éste la rechaza tiernamente. El niño insiste. Daniel la toma. La escupe al instante. El sancocho estaba salado como el mar. Su abuela debió haberle metido mano a la preparación. Hace años que la anciana insiste en arrojar montañas de sal a las comidas para saborearlas, aunque para sus papilas gustativas y su cerebro lo mismo da.
       Daniel sufre porque Marco sufre. Camila sufre porque Daniel sufre. Marco sufre porque se está muriendo. La lengua de Daniel arde como si se hallara sumergida en una olla de agua caliente. Marco, el pobre niño, decide poner orden a la situación. Con un gesto de picardía y pese a la escasa velocidad que su deteriorado estado físico le permite, hace la mímica de aleteo de un ave de corto vuelo mientras hace un guiño cómplice a su madre. Vomita un poco más. Sonríe.
       De repente los tres se sorprenden mirándose y en medio de la jocosa e inesperada situación, estallan en risas, Marco, visiblemente emocionado y con lagrimas en los ojos remata con la siguiente sentencia, como pretendiendo dar punto final al que sería el último encuentro con sus padres, como anticipándose a lo inevitable...
       - !Marquitos ya eligió y se queda con Doña Gallina ®! !Como rinde tanto sí nos alcanza para todos! ¿O no papá?
       La lengua ardida de Daniel solo le permite pensar en tomar un vaso de agua. El mundo le sabe sal, las lagrimas de su hijo también saben a sal, aunque en este caso no se trata de una percepción temporal.
       Product Shot.